Caperuza y el Lobo - CUARENTA Y TRES - Zaslove, La Maldita Roja

viernes, 27 de diciembre de 2019

Caperuza y el Lobo - CUARENTA Y TRES




Louis caminaba sin miedo y a lado de Adriel, sabía que debía tener cuidado, pero no iba a dejar que se sintiera con más poder que él. 

En silencio, caminaron hasta uno de los salones de la aldea y cuando entraron, el Lobo saco dos cervezas de un refrigerador que había. Le ofreció una y se sentaron en una pequeña mesa del lugar. 

—¿A dónde la vas a llevar?— preguntó Adriel directamente. 

—A mí aldea, a menos de que me pida otra cosa. 

—No te la puedes llevar.

—No soy uno de lobos para que me des órdenes y no es nuestra decisión— contestó Louis enojado de que Adriel le diera una orden. 

—Tiene mi marca. 

—En tu aldea nadie la quiere. Le tienen miedo. 

—¿Y en la tuya no?

Yo no necesito fingir para quedar bien con mi manada, ellos confían en mí, pensó Louis, pero le pareció estúpido decirlo.

—Ella nos salvó y mis lobos lo saben. Sabes que no tengo ningún poder sobre ella. ¿Qué quieres?

—Que la convenzas de decirte a dónde va y me lo informes—ordenó Adriel, generando una mirada incrédula y una media sonrisa del otro lobo. 

—No tengo nada en tu contra, pero no te confundas, Adriel, no soy uno de tus lobos para que me des órdenes. Esto que hay aquí es una alianza y, sí, tal vez ahora tengas una gran ventaja, porque estoy en tu terreno, pero no te tengo miedo— se detuvo un momento, para saber si había alguna respuesta, pero al no haberla prosiguió—. Mi lealtad está con ella, no contigo. 

Adriel se levantó furioso de su silla, Louis hizo lo mismo, listo para pelear, pudo oler como peleaba contra sus emociones e impulsos, mientras caminaba hacía la entrada. No tenía duda de que quería partir su cabeza en dos, pero sabía que era inteligente y por eso no lo hacía. 

—Esto no cambia nada— dijo Adriel cuando llegó a la entrada—. Eres bienvenido en mi hogar y puedes quedarte el tiempo que necesites. 

—Gracias— Necesita relajarse, pensó mientras se volvía sentar, para terminar su cerveza.

Él se había enamorado hace tiempo, pero ella había muerto. Lamentablemente un humano no vivía tanto como un hombre lobo. Después de tanto tiempo sólo guardaba los recuerdos felices a su lado, pero trató de hacer memoria. 

También había sido posesivo con ella, sin embargo, jamás se había puesto tan mal como Adriel, aunque Cirse era un caso especial, hasta a él lo volvía loco algunas veces y no tenía ningún sentimiento romántico por ella. Compadecía a el Lobo, pero su lealtad sí estaba con la bruja, aparte de que la había visto sufrir demasiado por él. 

Al terminar su cerveza, se levantó y se fue a la choza en la que se hospedaba, Cirse lo esperaba en la entrada, sin ningún tipo de expresión. 

—¿No me vas a preguntar cómo me fue?

—No, ya lo sé. Mande un demonio a espiarlos— Louis se molestó, pero sólo fue un segundo, cuando vio a una mujer aparecer al lado de la bruja—. No te enojes, estaba preocupada. 

—¿Por mí o por él?

—Por mí— respondió ella y el lobo se río. 

—Necesitas alejarte de él, te va a hacer daño y tú a él. ¿Te irás con nosotros?

—No— respondió y el lobo se metió a la choza. Desde la ventana, Louis la vio hablar con la demonio un momento antes de irse.

La mujer con cuernos entró a la casa. Era como un soldado, aunque mejor que los de cualquier reino, incluso que los guerreros de su manada. Despedía un aurea peligrosa y parecía lista para matar, pero no tenía ningún tipo de olor.

—Cirse me pidió que me quede a su lado y que lo acompañe hasta su aldea- dijo sin siquiera presentarse.

—No necesito su protección. 

—Ella lo sabe, pero no le importa, se preocupa por ti. 

Sí, ella puede volver loco a cualquiera, pensó Louis y empezó a dar órdenes para irse lo antes posible. Cirse ya había tomado su decisión y aunque no estaba seguro de cual era, no pensaba detenerla.

ZASLOVE, LA MALDITA ROJA
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